UNA ETAPA POR QUEMAR


Una etapa por quemar

En los últimos meses, mucho se me ha dicho sobre las etapas que todo ser humano debe quemar. Sin embargo, me mantengo en la posición firme y renegada al trago y cuanta sustancia costumbrista y poco original permitan mi crecimiento como persona.

No sé hasta qué punto estoy dispuesto a soportar, largas y agotadas  horas,  sentado o bailando al ritmo suculento, candente y pegajoso de la música;  ritmos que mueven las fibras del mas insensible, o manteniendo conversaciones vagas mientras consumo bebidas alcohólicas.  -“me quedo con la música”

De otro lado y no lejos de la realidad, llega la mañana nauseabunda, replegado a la sombra de la cortina, evitando los rayos del sol que afuera invita a vivir un maravilloso día de deporte junto a familiares o amigos que comparten pasiones.

Jaqueca, deshidratación y un olor característico a ebrio, inspirado en la más fina y sutil fragancia obtenida del trago derramado sobre la ropa y piel sudorosa;  Además, de  todos los derivados del cigarrillo impregnado.

Por otra parte, no se puede olvidar el comportamiento primitivo, seguidos al estado de ebriedad, una lengua retardada, palabras emitidas carentes de objetividad y que en la mayoría de los casos terminan lastimando a quienes decimos amar.

Tampoco quiero cerca “amigos” que solo aparecen el día de la juerga, pachanga, rumba, foforro o cuanto regionalismo y modismo  se pueda usar en nuestra amplia y “nutrida” jerga.

Despertar junto a la almohada mojada, con restos de comida de días atrás, intentando ponerme de pie sin lograrlo de manera sencilla; tampoco suena, ni mucho menos se ve grato.

Esto sin mencionar los supuestos estados de laguna manifestados por la victima del trago, estados que no pienso entrar a discutir. Lo cierto es que esta condición suele aparecer sobre episodios vergonzosos y acciones  tipificados por la sociedad como denigrantes, de cosas que normalmente no se harían en estado de sobriedad.

MIENTRAS TODOS USTEDES SIGUEN QUEMANDO ESTA ETAPA yo me quedo viviendo la mía. Por cierto, también me gozo la fiesta, mientras no tengo que llevar al borracho a casa.

por: Felipe Mendoza Cepeda

 

 

 

 

 

 

 

 

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