Carta al viento


En la cúspide de la indiferencia se ahoga el último grito de amor colgado de un débil tallo seco e invadido por la maleza.

Sus fuertes ráfagas se deslizan sin piedad sobre las partes muertas y las que fallecen a la velocidad que toma una gota de agua desprendida de su nube creadora. Hoja tras hoja pierden su color al ritmo del tic tac  cardíaco  suspendido en su mano derecha, dejando expuesto el gigante tronco que se niega perder su esperanza, mientras sus últimas fuerzas se aferran a las fuertes raíces que afianzaron su crecer.

Es el clamor de un llamado silencioso marcando el colapso de una historia que se desvanece con la más ligera brisa mañanera y es embellecida de forma burlesca  a los primeros rayos de luz solar.

Durante todo el día, una y otra vez a velocidad distinta impacta de manera agresiva lo que queda del erguido y agotado tronco, aun así, la tormenta intoxicante de verano pasara y el renacimiento de nuevas hojas llegara.

Por: Felipe Mendoza

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