Clínica siquiatrica

Auxiliar de clínica siquiatra.

¿Qué pasa con las personas que son internadas por desórdenes en el sistema nervioso?

La jornada de médicos, auxiliares de enfermería y trabajadores de la clínica inicia a las 8:00 am; primero hay que hacer un recorrido de 500 metros aproximadamente, desde la calle principal hasta el filtro número 1 de la clínica, allí los guardas de seguridad, hacen una revisión detallada de cada una de las pertenencias que ingresan los trabajadores. Continúe caminando y como si se tratara de una telenovela, cuyos detalles para generar suspenso, entre el televidente son cuidadosamente elaborados, allí hay un árbol frondoso que obstaculiza la vista del edificio desde la entrada, detrás de él, una construcción con muchos años de estar allí y que posiblemente guarda en ella innumerables historias,

Por fin estaba dentro de la clínica, me indicaron el cuarto donde me debía cambiar y me entregaron el uniforme, cuando ya lo tenía puesto, la Directora del hospital mando a llamarme y dijo:

-Recuerde que no puede adminístrale ningún tipo de bebida, comida o elemento a los pacientes, también debe tener cuidado en  la distancia con algunos de ellos y en un momento la enfermera le indicara.

Con esas palabras la Directora se aleja, seguramente no se sentía cómoda con mi presencia, desde el primer momento se mostró prevenida. Ahora estaba en compañía de la enfermera quien sería mi guía durante toda la jornada, ella inicia haciendo una descripción de algunos pacientes, me cuenta que hay internos con más de un año allí y que algunos son peligrosos, aún no había visto un solo paciente y ya memoria de miedo, tomamos las escaleras hasta el piso tres donde queda el pabellón de hombres cuyas edades oscilan entre los 18 y 60 años,  un enfermero abre la puerta, ingresamos y esperamos junto a esta, a que sea cerrada, luego abren una segunda  y frente a mí la sala de televisión donde esperaban cinco internos a ser llevados al comedor, vi un sujeto voluptuoso muy barbado, vestía una camisilla azul y una pantaloneta de dril, al vernos se acercó rápidamente a nosotros, seguramente pensó que había llegado un nuevo paciente, no espere, corrí hacia la oficina donde estaba la otra enfermera, ella se rio, pero a mí no me genero ninguna gracia su risa, en ese momento vi y escuche al sujeto decir:

-¡tengo hambre!

La enfermera lo saludo y pregunto si todos estaban listos para bajar a desayunar pero David uno más de los enfermeros les informó, que aún faltaban algunos por bañarse, entonces este individuo sujeta la puerta y empieza a golpearla, gritando que tenía hambre, ellas me piden que les ayude, quede atónito y pregunte

¿Qué quieren que yo haga?

Hice lo que me pidieron pero en realidad quería salir corriendo de allí  y no sé si era el miedo pero sentía más frio de lo acostumbrado.

Me acerque a él, junto con la enfermera y dije – Juan, buenos días, me miró fijamente, entonces pensé que algo malo me pasaría, Yolanda como se llamaba la enfermera lo llevo hasta la sala, donde  lo dejo sentado viendo televisión mientras traían a los demás pacientes, al fondo se escuchó la voz de otro hombre que lo llamaba “Pilón” sin decir una sola palabra, pero, sin dejar de observarme se alejó. Cuando ya me sentí más confiado y acompañando a Yolanda por los demás pacientes, Juan nuevamente corrió tras nosotros me miro y dijo – Hola, pero yo ya estaba escudándome con la enfermera, me sonroje y por segunda vez lo salude, por fin los llevaríamos al comedor, a ver si eso los animaba y dejaban de asustarme, allí cada uno tenía que firmar una lista de asistencia, tomar la bandeja y pasar lenta y ordenadamente por el desayuno, huevos pericos, café, fruta y pan. Debido a la cantidad de pacientes, es difícil que todos queden contentos con los alimentos que les han preparado por lo que uno de ellos tiro la bandeja encima de los cocineros.

A la hora del desayuno se mesclan hombres y mujeres, tienen relaciones establecidas de amistad incluso una supuesta pareja, según me conto Yolanda unos días son novios y al siguiente ni se conocen, al terminar de comer pueden salir a los prados, las canchas y a la iglesia, pero son muy pocos los que a esta última entran, cuando ya todos han salido de los comedores, pasan a desayunar los menores de edad, este día habían 7 pacientes, 4 hombres y 3 mujeres, las causas muy variadas pero prima la esquizofrenia, para ellos hay tiempos diferentes de esparcimiento, nunca están en contacto con los pacientes mayores de edad.

Decidí caminar un poco, tome uno de los corredores y llegue a un sector donde ubican a las personas que se encuentran muy mal ¿a qué llamo mal? Personas que están atadas de manos y pies porque se hace daño físicamente, son sedados y su aspecto fisco es impactante, pude observar una joven  cuyos dedos de las manos no tenía uñas, los gritos de los pacientes en esta zona son ensordecedores, la Directora llego y me pidió el favor que la acompañara al pabellón de los hombres en una actividad al aire libre, estando con ellos pude notar que el grupo creció con relación al grupo con el que estuve en horas de la mañana, al preguntar de donde salieron estos 22 hombres me informan que son pacientes con problemas de drogadicción, físicamente se veían bien pero en reiteradas ocasiones los han internado al no presentar mejoría con el problema, terminada la actividad, dos hombres no mayores a los 40 años son retirados del grupo por otra mujer.

Siendo las 11 de la mañana los pacientes deben regresar a los pabellones a bañaren preparase para la visita de sus familiares y la hora del almuerzo. Los dos hombres que fueron retirados son  llevados a un taller de manualidades con una siquiatra de la policía nacional, los dos hacen parte de la policía y tienen actividades programadas dirigidas por expertos y trabajadores enviados de la “MEBOG” Metro Politana de Bogotá, al preguntar por qué estaban  allí, las respuestas fueron evasivas y finalmente nadie dijo nada.

A la hora de visitas la mayoría de los pacientes salen y se aglomeran en la reja a esperar sus familias, otros se quedan perdidos en el espacio de la clínica para su esparcimiento y no es que se pierdan  en la extensión de terrenos, su perdida es mental, Frank tiene 25 años le han dado de alta dos veces y regresa por tardar a los 8 días, dice que no ha podido adaptarse al mundo de afuera, que es muy distinto y cuando sale siente que nada le pertenece.

En mi visita y recorrido por la clínica vi una mujer muy bien arreglada, alta con un cuerpo que muchas pueden envidiar, vestía muy elegante, bolso de cuero, tacones rojos muy altos que hacían juego con su collar, una blusa negra, se sentaba con su espalda recta, el mentón levantado, no ocupaba toda la silla, solo una parte y ligeramente entrecruza la pierna, la vi tomar café varias veces, platique con ella, me conto que llevaba como psicóloga de la clínica dos años, tomo el maquillaje que llevaba en su bolso, se maquillo suave y delicadamente, fumó un cigarrillo y se fue, me levante camine en dirección contraria a ella justo al taller de manualidades donde me ofrecen pastel de cumpleaños, uno de los policías cumplía 39 años, cuando me comí la torta, salí al patio principal, observe a Pilón por unos minutos, me acerque y estaba llorando, no decía nada, su mirada siempre fue confusa, me sentí un poco triste porque al igual que él no supe que decir para animarlo, entonces me retire.

Nuevamente la mujer elegante pasó junto a mí, solo que en esta ocasión ni me miro, hizo como si no existiera, antes de irme pregunte a Yolanda ¿Ella por qué es así? Su respuesta lejos de aliviarme de dejo muy preocupado-“es una paciente muy querida de muy buena familia, su problema es que le dan serios ataques y han que medicarla, incluso en ocasiones permanece sedada por más de 5 días, según la psiquiatra es bueno para su recuperación que pueda vestirse como le gusta, salir y no sentirse presa, además no representa peligro para nadie”.

Por: LUIS FELIPE MENDOZA C

 

 

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