Fin de semana

Fin de  semana

Todo estaba listo para salir, se había planeado un viaje a Medellín para la feria de las flores, durante varias semanas estuvimos organizando como hacer nuestro viaje, el objetivo, encontrar habitaciones en un buen lugar a precios razonables, fue tan exitosa nuestra búsqueda que encontramos habitaciones con acomodación doble a cuarenta y cinco mil pesos, a las 0cho de la noche del viernes 03 de agosto nos encontramos con  varios amigos en el apartamento de una tía y posteriormente salimos al aeropuerto, 12 personas en realidad para ser más exacto; estábamos llegando cuando recibí una llamada de mi hermana diciendo:

-Vamos para Bogotá porque mi mamá está muy enferma.

Entonces surge un dilema que después al pensarlo no tuvo por qué serlo, el problema en aquel momento para mí, no es que  estuviese enferma y me cuestiono dos cosas

-¿Viajo y cuando regrese la visito? O ¿me regreso para verla antes que entre?

Seguramente espere como diez minutos pensando.

-¿Cómo puedo quedarme y perder mi viaje si llevo varios meses planeándolo?

Pero, semanas atrás planeamos un almuerzo juntos, almuerzo que finalmente no disfrutamos, pues ella viajo y ni siquiera la vi, este hecho hizo que tomara fuerza mi decisión de quedarme y llegar pronto a la clínica para poder verla y hablar con ella, entonces, hice una llamada al teléfono móvil de mi hermana y le pedí que me la pasa, me respondió:

-Mi mamá casi no puede hablar.

Pero insistí y finalmente logre escucharla, al saludarla  no pude entender sus palabras, sentí miedo y pensé que tenía la boca torcida, no pude decirle nada más, quería verla como siempre, una mujer fuerte que a pesar de su edad siempre se ha mantenido firme ante las dificultades y que su único problema estaba en su aquéjante dolor rodillas, me sentí muy triste, pensar que podía morir me hacía llorar como nunca antes, cuando llegue a la clínica ya era tarde, la habían ingresado para practicarle los exámenes adecuados por lo que solo me quedaba esperar, a las dos de la mañana le asignaron habitación y me dejaron verla, su boca estaba torcida, se le dificultaba mover la lengua y al preguntar al doctor que fue lo que le paso, el educadamente en voz baja y términos médicos respondió, pero no le entendí, se tomó un tiempo para explicarme en términos más conocidos, entonces me entere que una de las venas que permiten la circulación de la sangre a las cabeza estaba interrumpida.

Es mi abuela, desde muy chicos nos enseñaron a decirle mamá y se enojaba mucho cuando alguien le decía “abuela”, aunque ella vive el campo es la persona  más especial conmigo siempre ha estado cuidando de mí, decir las cosas que hacen que la quiera tanto no se pueden describir, no son cosas materiales, sin embargo nunca las ha dejado de lado; tiene 83 años y cumple 84 este diez de agosto lo que la hace vulnerable a muchas cosas.

Su cabello es largo y negro, algunas canas pero no soy el cáusante de tal color, su piel esta arrugada, seguramente cada una de estas líneas de expresión nos remontarían a su vida de joven, cuando trabajaba labrando la tierra para cultivar caña de azúcar, plátano, yuca y una gran variedad de productos que se pueden cultivar en Santander, es madre de cinco hijos, cuatro hombres y una mujer, vio la muerte de uno de ellos y paso por el dolor más grande, “según se dice” que pasa un padre cuando uno de sus hijos muere.

Le encanta el campo y cuando viene a la ciudad se muestra inquieta y con ganas de regresar argumentando que no hay quien le dé de comer a las gallinas, también tiene una lora parlanchina que todo el tiempo se la pasa preguntando ¿ya comió? Y lo más típico;

-Quiere cacao.

Perros hay muchos y las razas son tan variadas como la cantidad de los mismos.

Todo esto la hace feliz, le encanta ir al cafetal y buscar los huevos de las gallinas, coger la naranja, buscar las piñas, comerse un aguacate, además le encanta cocinar y lo hace muy rápido, pero ahora, en su segundo día de hospitalización siendo las tres de la mañana, donde solo se escucha el sonido de los equipos médicos, mientras soporto el intenso frió sentado en esta silla, la veo tirada en una camilla, sedada  y sin haberla podido escuchar, escribo, lo que ahora están leyendo.

Por: Luis Felipe Mendoza

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