La vejez

                                                         

 

Apoyado en su bastón intentaba caminar al baño, sus pies arrugados y débiles por la edad, le cobraban todos los abusos que en su juventud cometió con ellos.

Desde muy joven fue amante del parkour, pasó 2 años en rehabilitación después de caer del piso 11 de un edificio, sufrió fractura de Fémur, tibia, rotula y peroné en su pierna derecha, pero esto no fue impedimento para que continuara con su hobbie.

La mañana del 06 de octubre de 1981, en una de sus faenas al caer como muchas veces anteriores, el hueso de su pierna derecha nuevamente lo lleva al hospital municipal, mientras que estaba acostado en la camilla esperando atención, una enfermera de cabello castaño claro, ojos verdes, dientes blancos que hacían juego con el labial rosado y los pómulos ligeramente rojos por el intenso calor, le aplicó la inyección contra el tétano.

En su afán por platicar con ella, le preguntó.

-¿Tiene hijos?

Sin responder lo miró fijamente por algunos segundos y se marcho.

Se sentía agobiado, sabía que en su vida existían muchas chicas, unas de ellas con las que aun se veía, y otras que simplemente fueron parte de momentos sexuales; jamás había sentido que las piernas la voz le temblara, sus manos sudaban cada vez que la linda joven hacia su recorrido tomando los signos vitales, pudo observar que estaba triste, la vio y escucho llorar por que tenia a uno de sus hermanos muy enfermo, pero que tenía que ser fuerte porque solo existía ella.

Entonces olvidando el intenso dolor por la herida en su pierna, sabía que su pregunta fue estúpida, entonces, luego que terminaran con la sutura nuevamente se arriesgó a hablarle, pero esta vez sentado en la camilla espero el momento justo, y como si se tratara de un experto declamador, pronunciando lenta, eficazmente cada vocablo cuyo matiz y correcta articulación le permitían hacer cambios de tono dijo.

-Si en un determinado momento hubiera desesperación y tuviéramos que avanzar sobre caminos que lastimen profundamente, ten la seguridad que me gustaría hacer ese recorrido sujetando tu mano, y que al mirarla se pueda ver el paso de los años que queda marcado en nuestra piel.

Eso fue lo que recordó Alejandro Cadena, cuando su esposa lo tomó de la mano para acercarlo al baño.

Por: Luis Felipe Mendoza

One comment

  1. Pingback: La vejez | Felipe Mendoza periodista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s