Primicia

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Previas averiguaciones a la marcha del 1 de mayo nos llevaron a participar de esta, nublada y muy fría la mañana acudimos al llamado que días atrás habíamos programado. Con el intercambio de algunas palabras frente la fachada del edificio más alto de la ciudad, iniciamos nuestro recorrido, imaginando algunas de las cosas que podrían ocurrir.  Un grupo de personas vestidas de negro cubrían sus rostros con pañoletas de colores y gritaban “solo la verdad os hará libres” de forma agresiva se acercaban a los policías quienes protegían sus cuerpos con los escudos de las piedras arrojadas con furia del otro lado de la calle y que en lugar de mitigar la tensión aumentaba la posición defensiva de la policía.

Muy asustado apresure mis pasos para verme con mis demás compañeros, luego de vernos y sentirme seguro gracias a sus compañías tome  mi cámara para tomar las primeras fotos, dejando atrás el grupo de sujetos cuyo color negro  los identificaba y generaban en los asistentes temor,  encontré  un grupo universitario con su participación activa quienes  través del baile y el teatro Cambiaban el ambiente de la marcha.

De forma creativa llamaban la atención de todos aquellos quienes pasaban rápidamente buscando un lugar para ubicarse y participar en la celebración del día del trabajo, muchos de estos simplemente llegaban al lugar por curiosidad, otros,  porque se sienten inconformes con  la Administración Distrital, con EL SITP (Sistema Integrado de Transporte Publico) con la educación e infinidad de cosas que de nombrarlas tornaría aburrida la historia, una historia  llena de adrenalina, miedo, peligro y muchas historias que nos faltaban por descubrir.

Al continuar avanzando por la carrera 7, los árboles plantados estratégicamente en materas para adornar y generar en los  peatones un ambiente sano y limpio, quedaban ocultos en la multitud colorida avanzando lentamente hacia la plaza de Bolívar.

Con declaraciones abiertas donde se proclamaba que el capitalismo es la ventaja de los que tienen poder y posición económica estable sobre los que no poseen esta libertad económica, nuevamente la tranquilidad se ve interrumpida.

Mientras fotografiaba a un  grupo quemar los impuestos, quienes  se identificaban por su llamativo color amarillo, camisetas y pancartas en alusión a la Unión de Reservas de la Fuerza Pública de Colombia y platicando con el señor José, quien vestía de quepis, camisa roja, corbata naranja, saco de paño negro y  algo avanzado en edad, me comento que desde hace algunos años pertenece a un sindicato llamado “Los indignados de Colombia” me pidió que le enviara las fotografías aun correo que me dio con su tarjeta de presentación cuando junto a mis pies cae el primer gas lacrimógeno.

Esta vez, algo asustado, decido tomar fotografías de las personas que lanzaban piedras a la policía, después de tres disparos fotográficos fallidos y con dos gases junto a mí, mi compañera Jenifer y mi hermana quien había decidido acompañarme y al notar que si me quedaba en este lugar la estampida que venía hacia nos otros , terminaría por arrollarnos.

Sujete de la mano a mi hermana y salimos corriendo, recuerdo que en mi angustia por salir del callejón, le recomendé no respirar pero, al ver personas tendidas en el piso y no encontrar otra forma de continuar avanzando, pasamos sobre ellas, luego no pudo soportar más la respiración y cuando logramos llegar a un lugar alejado de los gases, buscamos una tienda para comprar leche y de esa forma evitar la irritación mucosa y la falta de visibilidad gracias a la comezón en los parpados.

A pesar de todo y con la adrenalina del momento, apenas nos recuperamos nuevamente regresamos al mismo lugar, solo que esta vez nos ubicamos atrás de la policía, la inclemente lluvia que en los últimos días ha acompañado el amanecer y los atardeceres en la ciudad, simplemente hizo su magnífica entrada, diseminando los efectos del gas.

A partir de ese momento mi hermana no pudo ocultar su nerviosismo, por primera vez experimentaba dicha situación, tomándome por el brazo fuertemente, cada paso que daba en dirección a la plaza de Bolívar se tornaba todo un calvario, manifestaba su ansiedad y ganas de salir de ahí pero, aun nos faltaban unas cuadras y algunas fotos por tomar.

En su curiosidad e ingenuidad con los acontecimientos, se preguntó  ¿qué hace ese vendedor con él bebe en este desastre? Tengo que reconocer que hasta que escuche la formulación de la pregunta y a pesar que ya había observado al sujeto, no preste atención a su comportamiento, ni mucho menos me cuestione acerca del riesgo al que estaba expuesto este niño, seguramente, mi enfoque estaba, como la mayoría de los periodistas en captar imágenes del caos, pensando en que esto es lo importante, lo que se vende lo que a nivel de medios de comunicación llamamos “Primicia” reflexionando un poco intente ubicar a este hombre, que como ya mencione llevaba a un bebe colgado de su pecho en una cangurera pero, fue imposible.

Por: Luis Felipe Mendoza C

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